Notre Dame, ¿accidente o terrorismo?

Inevitablemente, este tipo de acontecimientos nos recuerdan el 11-S en Nueva York, el 11-M en Madrid y cualquier otra expresión cruda en la que el sello del terrorismo ha estado detrás de ello. El origen de este incendio provoca suspicacias, máxime cuando, en los últimos años, París ha sido objeto de arteros actos de terrorismo, como los perpetrados al diario Charlie Hebdo, al teatro Bataclan, entre otros.

16 de Abril de 2019.

Por Fernando Aguirre Ramírez

Lo vivido ayer no fue una novela  “C’est un cauchemar”, fue una de las peores pesadillas para los parisinos en tiempos recientes.

El 15 de abril de 2019 quedará inscrito en la memoria de los franceses y de la historia universal como una de las fechas catastróficas para el Patrimonio Cultural de la Humanidad.  Millones de personas en el mundo atestiguamos con incredulidad, tristeza e impotencia cómo un feroz incendio devoró, en cuestión de minutos, la emblemática catedral de Notre Dame, en París, consumiendo a su paso más de 850 años.

Conforme pasó el tiempo y la forma catastrófica de las imágenes que mostraban un incontrolable siniestro, parecía esperarse lo peor para uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad.

Inevitablemente, este tipo de acontecimientos nos recuerdan el  11-S en Nueva York, el 11-M en Madrid y cualquier otra expresión cruda en la que el sello del terrorismo ha estado detrás de ello. El origen de este incendio provoca suspicacias, máxime cuando, en los últimos años, París ha sido objeto de arteros actos de terrorismo, como los perpetrados al diario Charlie Hebdo, al teatro Bataclan, entre otros, que si bien no han afectado monumentos importantes de la ciudad, sí ha habido, lamentablemente, pérdidas de vidas humanas.

¿Estamos acaso ante una nueva modalidad de terrorismo, provocada de una forma “accidental”? Notre Dame, sin duda, es un blanco perfecto para cometer un acto vil de esta calaña en plena Semana Santa, pues es  uno de los sitios más representativos de la ciudad que recibe miles de peregrinos y turistas al día. En su interior, además, se acoge una invaluable colección de arte sacro y, por supuesto, es una joya gótica medieval símbolo del cristianismo francés. Es, por donde se le quiera ver, el corazón de Francia.

No sería la primera vez que Notre Dame se ve amenazada en su historia. Durante la Revolución Francesa este recinto fue asediado por los revolucionarios, quienes, creyentes de que las estatuas en su fachada representaban a los Reyes de Francia, las decapitaron y ocuparon la catedral como almacén para alimentos, al mismo tiempo que fueron saqueadas obras de arte y vendidas.

Otro de los episodios memorables de esta construcción fue durante la invasión de los alemanes; Hitler habría pedido bombardear París y arrasar con sus principales obras arquitectónicas, entre ellas Notre  Dame. Para fortuna de la humanidad, el gobernador militar alemán de París, Von Choltitz, desobedeció las órdenes del Führer y nunca se concretó ese abominable mandato.

Un edificio que, en el paso del tiempo, ha sobrevivido a una revolución y dos guerras mundiales no pudo soportar unos trabajos de renovación, entonces, ¿bajo qué sistema de seguridad y prevención se estaban llevando a cabo estas reformas en pleno siglo XXI?, que hoy costaron una pérdida aún incuantificable.

Corresponderá a un desgastado gobierno de Emmanuel Macron hacerle frente a esta problemática que dará mucho de qué hablar luego de que empiecen a conocerse los detalles de las primeras investigaciones. Dura prueba para un gobernante que tiene bajos niveles de popularidad y que el manejo de una crisis de tal envergadura puede ser su salvación o estocada final.

Ayer mismo, el mandatario galo afirmó a sus compatriotas que “Notre Dame, presa de las llamas y dolor de una nación, será reconstruido con el apoyo y solidaridad de todos”. Así será, el pueblo francés, una vez más, nos mostrará su gran fortaleza y entereza de la que siempre ha sabido salir avante, aun en sus momentos más críticos. Mientras tanto, la Ciudad Luz está en vigilia, en espera de saber la verdad de lo que ayer aconteció.

Nos queda la resignación de saber que Notre Dame no se destruyó por completo, y que uno de los grandes símbolos de Francia sigue de pie, incólume, dispuesto a ver el correr  de los años y quizá de los siglos, para seguir siendo el fiel testigo de la historia de la humanidad.

Notre Dame no quedará en el imaginario colectivo ni tampoco sólo se le recordará en la gran obra de Victor Hugo, Quasimodo podrá, de nuevo, correr por los campanarios y andamios que la componen. Hay Notre Dame para el futuro.

Opinión – Excélsior